130 años de la introducción de la radiografía en España: de la placa radiográfica a la inteligencia artificial

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Desde las primeras pruebas en España en 1896 hasta la revolución digital y la inteligencia artificial actual, la radiología ha transformado diagnósticos, intervenciones y la formación médica, marcando un antes y un después en la salud.

Del descubrimiento de los rayos X en 1895 a los actuales servicios conectados y asistidos por inteligencia artificial, la radiología ha cambiado la capacidad de diagnosticar enfermedades, el papel y formación de los profesionales y el funcionamiento de los hospitales.

Cada 8 de noviembre, en el Día Mundial de la Radiología, se recuerda uno de los grandes inventos que redefinieron la historia de la medicina. Ese mismo día de 1895, Wilhelm Conrad Röntgen observó por primera vez los rayos X. Y apenas unos meses después, en febrero de 1896, el Dr. César Comas empezaba sus primeras pruebas en territorio español, como recuerdan desde la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM).

Más de 130 años después, la posibilidad de observar el interior del cuerpo sin necesidad de intervenir quirúrgicamente se ha convertido en algo cotidiano. Eso sí, entre aquellas primeras placas y los actuales servicios de radiodiagnóstico existe una sucesión de revoluciones tecnológicas que han cambiado por completo la medicina.

Para José Albillos, presidente de la SERAM, resulta difícil elegir un único avance entre todos los que han marcado la especialidad: “Quizás la tomografía computerizada ha sido la que haya tenido un mayor impacto, ya que nos permitió acceder a la imagen, primero tomográfica y luego volumétrica, hasta convertirse en una herramienta imprescindible y de uso universal”, considera.

Otro gran salto vino con la imagen digital, que ayudó a reducir el uso de materiales. Y es que durante gran parte del siglo XX, hablar de radiología significaba hablar también de película radiográfica, revelado químico y placas físicas que había que almacenar y trasladar. Nathalie Myssius, Product Manager en Modalities Solutions de Fujifilm Healthcare España, fue partícipe de esa transición desde su etapa como técnica de radiología. De hecho, fue en 1936 cuando Fujifilm comenzó a fabricar película radiográfica, incorporándose al campo de la radiografía convencional basada en película y revelado químico. Desde entonces, la imagen médica analógica forma parte de su trayectoria con la evolución hacia las tecnologías digitales.

“Viví el paso de la película y el revelado químico a la radiografía computarizada y, más tarde, a la digital directa. Este último paso fue disruptivo: transformó los flujos de trabajo y abrió la puerta a la conectividad y la automatización”, recuerda. Algo que corrobora Albillos, que explica cómo permitió procesar las imágenes, archivarlas, recuperarlas, compararlas con estudios anteriores y distribuirlas prácticamente de forma inmediata.

También hizo posible el desarrollo de técnicas cada vez más sofisticadas. Myssius añade cómo, en la mamografía, la digitalización abrió la puerta a tecnologías como la tomosíntesis y la mamografía con contraste, capaces de aportar información adicional en determinadas situaciones clínicas.

“El papel del radiólogo ha sufrido en los últimos tiempos una transformación radical. Ha pasado de ser el encargado de obtener imágenes diagnósticas y realizar informes, a tener una posición determinante en el proceso asistencial de los pacientes. Ha dejado de ser un mero informador a un radiólogo clínico”, indica Albillos.

A ello se suma el desarrollo de la radiología intervencionista. Las imágenes ya no sirven únicamente para diagnosticar: permiten guiar biopsias, drenajes y numerosos procedimientos mínimamente invasivos. De hecho, como señala el responsable de SERAM, muchas patologías encuentran hoy solución en esta área mediante intervenciones “muy poco agresivas, pero de gran efectividad”.

 

Automatización e inteligencia artificial

En los servicios actuales, una parte creciente de la evolución tecnológica se dirige a simplificar procesos que antes requerían numerosas operaciones manuales. “La automatización ayuda a reducir tareas repetitivas y permite que los profesionales dediquen más tiempo al paciente y a las decisiones clínicas”, explica la portavoz de Fujifilm Healthcare España.

Los sistemas pueden recuperar información desde las listas de trabajo, facilitar la selección de protocolos, aplicar parámetros previamente definidos, procesar imágenes o enviarlas automáticamente al destino correspondiente. También existen herramientas destinadas a facilitar el posicionamiento, controlar la calidad, hacer seguimiento de la dosis o identificar estudios que requieren una revisión prioritaria.

La consecuencia no es únicamente ganar velocidad. La automatización puede reducir la variabilidad entre exploraciones y disminuir la carga física y cognitiva de los profesionales. “Al reducir esfuerzos repetitivos, estas tecnologías pueden contribuir a disminuir el cansancio y el riesgo de lesiones, especialmente en servicios con una carga asistencial elevada”, señala Myssius.

Pero introduce una condición fundamental: “La automatización no sustituye al profesional ni lo deja fuera del proceso. El técnico sigue siendo esencial para valorar las necesidades concretas del paciente y comprobar que la adquisición es correcta”.

Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial que, según Albillos, puede ayudar en la indicación de las exploraciones, disminuir tiempos de adquisición o dosis, mejorar la calidad de la imagen, automatizar posprocesados y facilitar la detección de patrones patológicos.

Según asegura el presidente de SERAM, es otra tecnología útil para descargar al especialista “de aquellos trabajos más tediosos y automatizables que aportan menos valor añadido, para centrarle en todo lo que mejora su precisión diagnóstica y permite integrar la información extraída de las imágenes en el proceso clínico del paciente”.

 

Nuevas cuestiones

Toda esta evolución abre también nuevas preguntas sobre formación, validación y seguridad. Según una encuesta promovida recientemente por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) junto con SERAM, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), los profesionales sanitarios expresan una elevada confianza en las herramientas de IA certificadas, pero el 93 % considera que no dispone de formación suficiente para manejar y evaluar de forma adecuada estas tecnologías en la práctica clínica.

Para Albillos, este es uno de los principales retos de los próximos años. “Es evidente que la adopción de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial hace necesario poner el acento en la formación de los profesionales. La formación no solo en el ámbito científico sino de forma específica en el uso de la inteligencia artificial y la tecnología es uno de los objetivos prioritarios que el radiólogo debe tener en su currículum formativo”, indica.

Myssius concluye añadiendo otras condiciones: validación clínica, integración sencilla en el flujo asistencial y mantenimiento del profesional en el centro de la decisión. “La IA puede ayudar a detectar hallazgos, priorizar estudios y aportar información complementaria al radiólogo. Para que sea útil y segura, debe estar validada en la práctica clínica, integrarse bien en el flujo de trabajo y apoyar, no sustituir, el criterio profesional”.

Artículo escrito por:
José Albillos y Nathalie Myssius, presidente de la SERAM y Product Manager en Modalities Solutions de Fujifilm Healthcare España , respectivamente