ANECPLA recuerda que la salud humana no puede protegerse sin vigilar también la salud animal y el medio ambiente

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En el Día Mundial One Health, ANECPLA destaca que la reciente infección humana por el virus Shamonda en Francia subraya la necesidad de una vigilancia integrada para prevenir riesgos conjuntos en humanos, animales y ecosistemas.

La salud de las personas, la de los animales y la del medioambiente están estrechamente conectadas. Sin embargo, las amenazas sanitarias siguen abordándose en ocasiones desde ámbitos separados, pese a que su prevención requiere cada vez más cooperación entre disciplinas. Con motivo del Día Mundial One Health, que se celebra hoy martes 3 de noviembre, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) considera reivindica el papel esencial de la sanidad ambiental en la detección, prevención y control de riesgos que pueden afectar de forma conjunta a los ecosistemas, los animales y las personas.

La reciente detección en Francia del primer caso humano documentado de infección por el virus Shamonda constituye un ejemplo de la importancia de este enfoque. El patógeno, conocido hasta ahora por afectar principalmente a animales, se identificó en un paciente con una enfermedad grave y una inmunodepresión severa, que falleció a comienzos de octubre. Las autoridades sanitarias continúan investigando las circunstancias de la infección y el papel que pudo desempeñar el virus en su evolución clínica. Por el momento, no se ha identificado un riesgo para la población general ni existen indicios de transmisión entre personas. “El caso del virus Shamonda nos recuerda que la vigilancia sanitaria debe ir más allá de las fronteras tradicionales entre la salud humana, la sanidad animal y el medioambiente. No se trata de generar alarma ante cada nuevo patógeno, sino de contar con sistemas de prevención, profesionales especializados y una coordinación eficaz que nos permitan detectar cambios y responder con rapidez”, afirma Manuel García Howlett, director general de ANECPLA.

El enfoque One Health (Una Sola Salud) parte de una idea fundamental: la salud humana, la animal y la ambiental son interdependientes. Su aplicación exige que profesionales sanitarios, veterinarios, especialistas en sanidad ambiental, investigadores y administraciones compartan información y trabajen de forma coordinada para prevenir y gestionar riesgos.

El virus Shamonda ilustra esta necesidad. En animales, se transmite principalmente mediante la picadura de pequeños insectos del género Culicoides, conocidos como jejenes. La detección de una infección humana ha motivado nuevas investigaciones para determinar cómo se produjo el contagio y caracterizar mejor los posibles riesgos. En este proceso resulta esencial combinar los datos clínicos y epidemiológicos con la vigilancia de los animales, los insectos vectores y el entorno.

Para ANECPLA, este tipo de situaciones pone de relieve la importancia de la vigilancia entomológica, que permite conocer qué especies de vectores están presentes, cómo evoluciona su actividad y qué patógenos pueden transportar. Esta información, junto con la vigilancia epidemiológica y veterinaria, ayuda a orientar las medidas preventivas y a adaptar las intervenciones a cada contexto. “La prevención empieza mucho antes de que un riesgo se traduzca en un problema de salud. Necesitamos conocer los vectores, vigilar su evolución, estudiar las condiciones ambientales que favorecen su presencia y compartir esa información con los ámbitos de la salud humana y animal. La sanidad ambiental aporta conocimiento técnico y capacidad de actuación que son fundamentales en esa estrategia”, explica García Howlett.

La necesidad de adoptar una perspectiva integrada no se limita a los patógenos emergentes. También resulta determinante para afrontar otros desafíos de salud pública, como las enfermedades transmitidas por mosquitos y otros vectores, la proliferación de organismos nocivos en entornos urbanos, la resistencia a los biocidas o los riesgos asociados a la calidad del agua y del aire. En todos estos ámbitos, la detección temprana, la evaluación del riesgo y la aplicación de medidas de control adecuadas pueden contribuir a reducir la exposición de la población. La intervención debe basarse en criterios científicos y técnicos, con actuaciones proporcionadas a cada situación y una evaluación continua de sus resultados.

ANECPLA subraya, además, que la colaboración entre administraciones y profesionales especializados es indispensable para evitar respuestas fragmentadas. La información obtenida sobre la circulación de un patógeno en animales, por ejemplo, puede ayudar a orientar la vigilancia de los vectores y a valorar posibles implicaciones para la salud humana. Del mismo modo, los cambios ambientales y climáticos pueden modificar la distribución y la actividad de determinadas especies, lo que hace necesario adaptar los sistemas de vigilancia y prevención. “One Health no puede quedarse en una declaración de intenciones ni limitarse a una jornada conmemorativa. Tiene que traducirse en cooperación efectiva, intercambio de datos, vigilancia continuada y recursos para la prevención. Invertir en sanidad ambiental es invertir en capacidad de anticipación y en protección de la salud pública”, sostiene el director general de ANECPLA.