“La gestión sanitaria puede liderar la sostenibilidad mediante la optimización del consumo energético, la digitalización de procesos, el diseño eficiente de instalaciones, la formación del personal y la incorporación de tecnologías innovadoras como la telemedicina y sistemas de monitorización”, destacó Maribel Romo Soler, Presidenta de la Agrupación Territorial de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) del País Vasco durante la Jornada “Hacia una gestión segura y eficiente del entorno sanitario: visión multidisciplinar para los retos energéticos”, organizada por la Agrupación Territorial de SEDISA del País Vasco y la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH), con la colaboración de Airliquide Healthcare, Basque Health Cluster, Gaia, Ondoan Close Solution, Pwc, Serveo, Ulma y Eolia el pasado mes de diciembre. Y es que, destacó, la Gestión Sanitaria debe ser más eficiente a través de “la digitalización completa, la monitorización energética en tiempo real, políticas de economía circular, alianzas para innovación sostenible y la capacitación continua del personal”.
Las infraestructuras y la ingeniería hospitalaria juegan un papel crucial para alcanzar estos objetivos. En este sentido, la eficiencia energética emerge como un componente esencial para garantizar la sostenibilidad del sistema ya que “las infraestructuras sanitarias son de alta complejidad técnica, con una alta intensidad en su demanda energética y, por tanto, en el impacto económico y medioambiental. No solo es necesario integrar la eficiencia energética en la gestión, sino que debe formar parte de las líneas estratégicas de la organización”, dijo José Luis López, Presidente de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria. Comprender esta necesidad pasa por conocer el significado de eficiencia energética que “se resume en la optimización del consumo manteniendo las mismas prestaciones”, recordó. Todo ello sin olvidar que “los centros sanitarios requieren unas condiciones ambientales en cuanto a su seguridad muy elevadas y que prevalecen sobre la demanda energética”. En ese sentido, se han producido avances importantes “tanto en su construcción como en la gestión de la explotación”; no obstante, “hay que seguir avanzando en estas líneas para contribuir a la sostenibilidad del sistema en su conjunto y hacer que estas infraestructuras, consideradas críticas y de servicios esenciales, estén preparadas frente a catástrofes internas y externas como las que hemos vivido recientemente”.
En palabras de María Luz Marqués, Directora Gerente de la OSI Ezkerraldea Enkarterri Cruces en Osakidetza, realizar este tipo de jornadas “refleja la importancia de abordar la sostenibilidad sanitaria desde una perspectiva verdaderamente multidisciplinar, integrando tanto la visión del sector salud como la de empresas tecnológicas, energéticas y de servicios”. Con este objetivo, ponentes de primer nivel se reunieron para “analizar el suministro energético, la eficiencia y el valor del dato, elementos que hoy son críticos para garantizar la seguridad y la calidad asistencial. La energía ya no es solo un recurso técnico, sino una infraestructura esencial para el funcionamiento de los hospitales”.
Por todo ello, la eficiencia energética debe formar parte de la estrategia de los hospitales. Para Jesús Larrañaga Garitano, Director Gerente de la OSI Bilbao Basurto, “constituye un activo para conseguir alcanzar los objetivos de sostenibilidad y de salud ambiental. Este enfoque estratégico no solo mitiga el cambio climático, sino que también mejora la salud pública al reducir enfermedades asociadas a la contaminación, optimiza los costes operativos y asegura el cumplimiento de normativas cada vez más exigentes. La eficiencia energética en hospitales es clave para alcanzar estos objetivos, ya que permite disminuir el consumo, garantizar el confort y cumplir con regulaciones que establecen la neutralidad climática para 2050 mediante estrategias de descarbonización, fomento de energías renovables, adaptación al cambio climático y gobernanza climática”. Así, “compatibilizar confort y sostenibilidad mediante diseño bioclimático, monitorización inteligente y mantenimiento preventivo permite lograr reducciones de hasta un 30% en consumo y un 40% en emisiones, transformando los hospitales en espacios más sostenibles, resilientes y saludables, donde la tecnología y el diseño inteligente reducen la huella de carbono sin comprometer la calidad asistencial”.
Esta eficiencia energética impacta directamente en la sostenibilidad económica de los centros sanitarios y mejorarla supone un impacto en costes, resiliencia, planificación presupuestaria y calidad del servicio, y es que, tal y como indicó Fernando Encinar Martín, Director Económico Financiero de la OSI Araba, “los hospitales vascos destinan entre el 3% y el 8% de su presupuesto a energía, por lo que mejorar la eficiencia energética reduce la factura eléctrica, los costes de gas natural o climatización centralizada y los costes de mantenimiento asociados a equipos antiguos o sobredimensionados. Por lo que, en Euskadi, con precios energéticos relativamente altos y variabilidad del gas, un hospital medio puede ahorrar entre un 15% y un 35% tras una rehabilitación energética profunda”. De esta manera, “la eficiencia energética mejora la sostenibilidad económica porque reduce gastos fijos y permite que el gasto sanitario crezca donde realmente aporta valor”. Este impacto también se ve reflejado en la disminución de la dependencia del gas y la electricidad del mercado, “además de una mayor capacidad para fijar presupuesto de gasto anual y mejor planificación financiera”. En consecuencia, “reduce los gastos fijos de forma significativa, ayuda a estabilizar el presupuesto sanitario, permite reinvertir en asistencia, facilita el acceso a financiación externa, evita costes regulatorios futuros y mejora la resiliencia y disponibilidad de los hospitales”. En resumen, “la transformación energética y la renovación integral de las infraestructuras hospitalarias vascas permiten a Osakidetza superar limitaciones presupuestarias, reforzar la sostenibilidad y competitividad del sistema y avanzar hacia hospitales más eficientes, resilientes y preparados para los retos futuros como la descarbonización, el envejecimiento y la digitalización”.
Pero la eficiencia no depende únicamente de la gestión energética, también requiere repensar cómo se diseñan y construyen los hospitales del futuro. Francisco Ortega, Arquitecto y fundador de Enero Arquitectura, señaló que “aunque los hospitales han incrementado su consumo energético casi al doble por el mayor espacio por cama y el uso intensivo de tecnología, los objetivos climáticos exigen reducir la huella de carbono hasta un 45% en 2030 y un 100% en 2050. Por ello, la arquitectura adquiere un papel decisivo mediante edificios más sostenibles, mejor diseño de espacios, envolventes eficientes, mayor luz natural y el uso de IA para la gestión dinámica de instalaciones, logrando reducciones de consumo superiores al 30%”. Esta evolución arquitectónica y energética se complementa con una transformación tecnológica sin precedentes, que redefine no solo cómo se construyen los hospitales, sino cómo se entiende y se presta la atención sanitaria. “Los nuevos modelos como la habitación inteligente, donde es la tecnología la que se desplaza hacia el paciente, y el hospital líquido, que lleva la atención sanitaria al hogar mediante IA, transformarán por completo el concepto de hospital. Innovaciones como el gemelo digital, la robótica clínica y logística o el uso de drones revolucionarán tanto el diseño hospitalario como la propia idea de salud. En un contexto donde los cambios tecnológicos avanzan más rápido que los ciclos de construcción, el futuro hospitalario se dirige hacia una transformación radical e inevitable”, apuntó.