La falta de alfabetización en IA amenaza con crear una “sanidad a dos velocidades” en España

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La incorporación de la inteligencia artificial en la sanidad española podría generar desigualdades en el acceso a la información y la toma de decisiones sobre la propia salud. Con el envejecimiento acelerado de la población, la falta de alfabetización digital corre el riesgo de dejar atrás a una generación en la interacción con el sistema sanitario. MIOTI Tech & Business School alerta de la importancia de formar a la población en el uso responsable de estas tecnologías para evitar la creación de una "sanidad a dos velocidades".

La sanidad española avanza hacia una medicina cada vez más mediada por algoritmos, y los pacientes empiezan a convivir con una atención sanitaria en la que la inteligencia artificial gana protagonismo dentro y fuera de la consulta. Herramientas capaces de resumir consultas médicas, priorizar diagnósticos, hacer seguimiento en remoto de las enfermedades de los pacientes o interpretar grandes volúmenes de datos clínicos son ya una realidad en toda España. En Cataluña, por ejemplo, ya se emplean herramientas basadas en IA para detectar retinopatía diabética, analizar mamografías para identificar posibles casos de cáncer de mama o priorizar lesiones dermatológicas sospechosas.

A ello se suma el uso personal que muchos ciudadanos hacen de populares herramientas de IA generativa para buscar información sobre síntomas, comprender informes médicos o resolver dudas relacionadas con su salud. Por eso, desde MIOTI Tech & Business School señalan que saber utilizar estas tecnologías de forma responsable se está convirtiendo en una competencia clave para evitar que la digitalización sanitaria impulsada por la IA genere nueçvas desigualdades en el acceso a la información, la comprensión de los procesos asistenciales y la toma de decisiones sobre la propia salud.

“El acceso a internet o a dispositivos digitales es hoy una realidad para la mayoría de la población. Ahora la brecha digital se está desplazando hacia la adquisición de competencias y conocimiento en el uso correcto de estas tecnologías”, explica Fabiola Pérez, CEO y cofundadora de MIOTI. “La diferencia entre los pacientes que entiendan como interactuar con la IA y los que queden fuera por la falta de formación, se convertirá en una diferencia abismal. Por eso, llegar a comprender cómo funciona la IA, cuándo confiar en ella y cómo utilizarla de forma segura y crítica es un punto fundamental”.

El debate cobra especial relevancia en un momento en el que el Ministerio de Sanidad está llevando a cabo la estrategia nacional de IA (elASNS), una hoja de ruta que prevé desplegar esta tecnología de forma coordinada con las comunidades autónomas hasta 2029 y que prioriza ámbitos como la medicina personalizada, la monitorización remota, la detección precoz de enfermedades crónicas o los asistentes quirúrgicos robóticos.

 

Las personas mayores, las más expuestas a la nueva desigualdad digital

La situación afecta especialmente a los pacientes de edad más avanzada, precisamente uno de los colectivos que más interacción tiene con el sistema sanitario y que mayores dificultades puede encontrar para desenvolverse en entornos digitales. Aunque no sean ellas quienes utilicen directamente las herramientas de IA, su incorporación al sistema puede afectar a aspectos cotidianos como la gestión de citas, la comunicación con los centros de salud, el seguimiento remoto de patologías crónicas, la recepción de información clínica o el acceso a nuevos canales digitales de atención.

En este contexto, la falta de alfabetización digital y sanitaria puede traducirse en una menor capacidad para orientarse dentro del sistema, comprender la información que reciben, identificar cuándo necesitan una explicación adicional o participar de forma activa en las decisiones sobre su salud. Para un paciente mayor con una enfermedad crónica, por ejemplo, no entender bien un canal digital de seguimiento, una notificación sanitaria o una recomendación automatizada puede afectar a la continuidad de sus cuidados, a su autonomía y a su relación con los profesionales sanitarios.

España atraviesa, además, un proceso de envejecimiento acelerado. Según datos del INE, el país alcanzó en 2026 su mayor nivel histórico de envejecimiento poblacional, con más de 153 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Además, las proyecciones apuntan a que en 2030 las personas mayores de 50 años representarán cerca del 45% de la población española.

En este sentido, desde MIOTI alertan de que la incorporación masiva de inteligencia artificial en salud puede generar una “sanidad a dos velocidades”: la de los pacientes capaces de comprender y aprovechar estas herramientas y la de quienes quedan fuera por falta de alfabetización.

 

El reto no es solo tecnológico, sino humano

MIOTI defiende que la transformación digital de la salud debe ir acompañada de programas de formación y acompañamiento, adaptados especialmente a colectivos vulnerables y personas mayores. El objetivo no es convertir a los pacientes en expertos tecnológicos, sino garantizar que comprendan el papel que pueden desempeñar estas herramientas, sepan interpretar la información que reciben y mantengan la capacidad de tomar decisiones informadas junto a los profesionales sanitarios.

Para la escuela, esta alfabetización debe abordar cuestiones básicas como qué es y qué no es la inteligencia artificial, qué límites tienen sus respuestas, cómo identificar información médica fiable, cuándo consultar siempre con un profesional sanitario y cómo proteger los datos personales al utilizar plataformas digitales. También resulta clave que los propios servicios de salud expliquen de forma clara cuándo intervienen sistemas automatizados en la atención, qué función cumplen y qué canales alternativos existen para los pacientes que no puedan o no sepan utilizarlos.

“La IA puede ser una herramienta extraordinaria para mejorar la eficiencia del sistema sanitario, personalizar la atención y facilitar el acceso a determinados servicios, pero solo será verdaderamente inclusiva si se despliega pensando también en las personas que tienen más dificultades para entenderla o utilizarla”, concluye Pérez. “La innovación no puede medirse únicamente por la tecnología que incorporamos, debe hacerlo por la capacidad de hacer que esa tecnología sea comprensible, segura y útil para todos”.